Oct 21, 2026

Envejecer

Es parte de la vida: cada día que pasa eres un poco más viejo. Este fin de semana lo he sentido de cerca, lo he visto frente a mí. Mis viejos, mis queridos padres, tienen entre 70 y 80 años. Me sigue sorprendiendo su nivel de autonomía, pero al mismo tiempo soy testigo de cómo, poco a poco, se me van muriendo.

Mi padre está cada vez más flaco, más lento. Cada día más melancólico, con una profunda añoranza por la vida que ya pasó. Mi madre está cada vez más chiquita, más encorvada, caminando despacio. Con dolores de rodilla, de muelas y cataratas que poco a poco le van nublando la vista.

Sin embargo, mantienen el ánimo. Siempre ha sido así. Quiero recordarlos de esa manera: con buen humor incluso en los momentos más difíciles de la vida.

Mis queridísimos padres. Mi brújula. Mis cimientos. Qué difícil se tornará la vida cuando ya no tenga a quién llamarle para contarle mis preocupaciones, para pedirle que encomiende mis juntas de trabajo, para escuchar esa voz que siempre encuentra una forma de tranquilizarme.

La soledad de la orfandad me acecha un poco más cada día, mientras yo intento exprimir cada momento con ellos al máximo. Guardar cada conversación, cada comida y cada abrazo como si pudiera hacerlos durar para siempre.